“Miles de familias francesas se plantean la utilidad de los deberes que mandan los profesores a los alumnos para que los hagan en casa. La principal asociación de padres de alumnos de Francia ha hecho una llamada a la huelga de «lápices caídos», es decir, no realizar los deberes por estimar que son «ineficaces», y militar para suprimirlos, pidiendo que sus hijos «solo» trabajen en clase.” ABC, 28/3/2012, edición digital.
Esta es la noticia con la que despertábamos el día antes señalado. Los padres franceses proponen huelga para abolir la gran cantidad de deberes que se les manda a sus hijos para hacer en casa, defendiendo que la utilidad pedagógica de los deberes no había sido probada y que se acentúa la desigualdad que pueda darse dentro de la diversidad del aula.
Pues bien, amigos franceses, yo no soy quien para defender vuestras opiniones o retractarlas, pero voy a dar mi sincera opinión:
Los deberes no son más que un complemento que sirve para afianzar los contenidos aportados en clase, un material que sirve para asimilar de la mejor manera posible las enseñanzas que el docente aplique en la clase. Está claro que los excesos en este aspecto no pueden ser buenos, provocando la desmotivación de estos, el cansancio o la falta de ganas de estudiar… Pero lo que tampoco puede ser normal es que los padres de estos niños tengan a estos inscritos en muchas actividades extraescolares, que le ocupen gran parte de la tarde y provoque la falta de tiempo para las tareas autónomas o para el estudio.
La danza, el fútbol o la música son muy buenas actividades como pasatiempo, como una adquisición de un hobby, pero nunca debemos olvidar qué es lo más importante a ojos de la educación de un niño; no puede ser que los alumnos que aparecen en la viñeta sólo piensen en la cantidad de deberes que tienen, de la cantidad de cosas que han de resolver… sino en los frutos que estas actividades aportarían a su formación.
Igual de mal es la actitud de un padre que achaca la falta de tiempo a una gran cantidad de actividades que la de un docente que carga a sus alumnos con miles de ejercicios que no realizan en clase, incluso ejercicios de temas enteros que pueden hacer que el alumnos se sienta agobiado y su rendimiento baje. Debemos tener cabeza a la hora de enviar tareas a casa y que nunca nos pasemos de carga para el niño.
Adjunto la opinión del ministro francés de educación, Luc Chatel:
Se trata de algo doblemente injusto y demagógico. Renunciar al esfuerzo que representan los deberes en casa es algo catastrófico para el futuro de los hijos. “Protegiendo” su derecho al “descanso”, los padres amenazan con destruir todos los fundamentos del mérito, el trabajo, el esfuerzo.
Exacto señor Chatel, el docente no puede echarse atrás en este tema. En su justa medida, las tareas en casa son un elemento básico para que la formación del niño sea total, conjugando el trabajo cooperativo del aula, el uso de las TIC y la explicación del profesor con el trabajo autónomo e individualizado que el alumno realiza en su escritorio, con sus libros y apuntes para hacer de un niño una persona culta, inteligente, responsable y con un buen futuro profesional.
Como diría mi sabia madre con una reflexión muy correcta: “Lo primero el deber y así te quedas descuidado”
:) ¡Hasta otra!
Esta es la noticia con la que despertábamos el día antes señalado. Los padres franceses proponen huelga para abolir la gran cantidad de deberes que se les manda a sus hijos para hacer en casa, defendiendo que la utilidad pedagógica de los deberes no había sido probada y que se acentúa la desigualdad que pueda darse dentro de la diversidad del aula.
Pues bien, amigos franceses, yo no soy quien para defender vuestras opiniones o retractarlas, pero voy a dar mi sincera opinión:
Los deberes no son más que un complemento que sirve para afianzar los contenidos aportados en clase, un material que sirve para asimilar de la mejor manera posible las enseñanzas que el docente aplique en la clase. Está claro que los excesos en este aspecto no pueden ser buenos, provocando la desmotivación de estos, el cansancio o la falta de ganas de estudiar… Pero lo que tampoco puede ser normal es que los padres de estos niños tengan a estos inscritos en muchas actividades extraescolares, que le ocupen gran parte de la tarde y provoque la falta de tiempo para las tareas autónomas o para el estudio.
La danza, el fútbol o la música son muy buenas actividades como pasatiempo, como una adquisición de un hobby, pero nunca debemos olvidar qué es lo más importante a ojos de la educación de un niño; no puede ser que los alumnos que aparecen en la viñeta sólo piensen en la cantidad de deberes que tienen, de la cantidad de cosas que han de resolver… sino en los frutos que estas actividades aportarían a su formación.
Igual de mal es la actitud de un padre que achaca la falta de tiempo a una gran cantidad de actividades que la de un docente que carga a sus alumnos con miles de ejercicios que no realizan en clase, incluso ejercicios de temas enteros que pueden hacer que el alumnos se sienta agobiado y su rendimiento baje. Debemos tener cabeza a la hora de enviar tareas a casa y que nunca nos pasemos de carga para el niño.
Adjunto la opinión del ministro francés de educación, Luc Chatel:
Se trata de algo doblemente injusto y demagógico. Renunciar al esfuerzo que representan los deberes en casa es algo catastrófico para el futuro de los hijos. “Protegiendo” su derecho al “descanso”, los padres amenazan con destruir todos los fundamentos del mérito, el trabajo, el esfuerzo.
Exacto señor Chatel, el docente no puede echarse atrás en este tema. En su justa medida, las tareas en casa son un elemento básico para que la formación del niño sea total, conjugando el trabajo cooperativo del aula, el uso de las TIC y la explicación del profesor con el trabajo autónomo e individualizado que el alumno realiza en su escritorio, con sus libros y apuntes para hacer de un niño una persona culta, inteligente, responsable y con un buen futuro profesional.
Como diría mi sabia madre con una reflexión muy correcta: “Lo primero el deber y así te quedas descuidado”
:) ¡Hasta otra!

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